El hábito de minimizar lo conseguido
Muchas mujeres tenemos la costumbre de minimizar nuestros logros. Conseguimos algo importante, tanto en el ámbito personal como profesional —un ascenso, un proyecto terminado, un reto personal superado— y lo primero que decimos es: “no es para tanto”, “tuve suerte”, “cualquiera lo habría hecho”.
Sin darnos cuenta, cada vez que restamos valor a lo que hemos alcanzado, estamos tirando piedras sobre nuestro propio tejado.
Alimentamos la inseguridad, debilitamos nuestra confianza y seguimos atrapadas en un ciclo de autoexigencia sin fin.
¿Por qué cuesta tanto celebrarnos?
Hay varias razones detrás de esta dificultad:
- Mandatos de género: desde pequeñas se nos enseña a ser discretas, a no destacar demasiado, a no “parecer creídas”.
- El perfeccionismo: pensamos que nunca es suficiente, que aún falta algo más para merecer celebrarlo.
- El miedo al qué dirán: tememos que reconocer nuestros logros se confunda con arrogancia.
Pero la verdad es otra: celebrar tus logros no es vanidad, es autoestima en acción.
Los beneficios de celebrar lo que logras
Cuando celebras tus logros, grandes o pequeños, estás enviando un mensaje poderoso a tu mente y a tu corazón:
- Refuerzas tu confianza.
- Te recuerdas de lo que eres capaz.
- Construyes motivación para dar el siguiente paso.
- Rompes con el ciclo de autoexigencia y das espacio al agradecimiento.
Cada logro celebrado se convierte en un ladrillo sólido sobre el que construir tu amor propio.
Cómo empezar a celebrarte hoy

Aquí tienes algunas ideas sencillas:
- Haz una lista semanal de logros. Incluye tanto los grandes como los pequeños (desde terminar un proyecto hasta permitirte descansar).
- Compártelo con alguien de confianza. Hablar de lo que has conseguido lo vuelve más real y memorable.
- Date un regalo simbólico. Puede ser algo pequeño: una caminata, un café en calma, un baño relajante.
- Guarda tus “victorias” en un diario. Así tendrás un recordatorio tangible de lo que eres capaz de hacer.
Porque celebrarte es respetarte
Celebrar tus logros no es un capricho: es una práctica de amor propio que fortalece tu confianza y tu autenticidad.
Cada vez que te celebras, construyes la certeza de que mereces todo lo bueno que llega a tu vida.
Celebrar no es presumir: celebrar es reconocer tu esfuerzo y aprendizaje; presumir busca validar el ego. Cuando celebras, nutres el amor propio y la motivación interna. Si aparece la culpa, pon límites a la autoexigencia, usa la escritura reflexiva y enfoca la mirada en el proceso, no solo en el resultado—empieza por una pequeña victoria al día. Para sostener el hábito, agenda 5 minutos al final de cada jornada y utiliza siempre la misma plantilla (fecha, acción, aprendizaje y emoción): la constancia crea identidad.
