¿Por qué tantas mujeres sin síntomas en la perimenopausia creen que “son raras”? Una mirada honesta desde la experiencia y el género
En pocos días de diferencia he recibido varios mensajes a través de Instagram: “Judith, creo que soy rara… Todas mis amigas están fatal con la perimenopausia y yo no noto nada.”
Lo dicen en voz baja, como si confesaran un secreto incómodo.
Y siempre sonrío antes de responder, porque entiendo perfectamente de dónde viene esa sensación. No es casual. No es personal. Es cultural.
Vivimos en un mundo donde el malestar femenino se ha normalizado tanto, durante tanto tiempo, que cuando una mujer atraviesa una etapa vital sin sufrir, se siente fuera de lugar.
Como si llevarlo bien fuese casi sospechoso.
Hoy quiero contarte exactamente por qué pasa esto, y por qué tú —si estás viviendo una perimenopausia tranquila— no eres rara en absoluto. Solo estás desmontando un guion que no escribiste tú.
Hemos crecido en una cultura donde “ser mujer” implica aguantar dolor
Hemos crecido sabiendo que nuestras etapas vitales vienen siempre pegadas a palabras como “molestia”, “cansancio”, “dolor”, “sacrificio”. Dolor menstrual. Dolor del parto. Dolor por cuidar sin descanso.
Ese relato se nos incrusta: si eres mujer, toca sufrir. Así que cuando llega la perimenopausia —un momento del que solo escuchamos versiones dramáticas— y tú apenas tienes síntomas, lo primero que hace tu mente es desconfiar.
“No puede ser. Algo me estaré perdiendo.”
Y no: lo único que pasa es que tu cuerpo está haciendo lo que sabe hacer. Transitar.
El discurso hegemónico sobre la perimenopausia es catastrofista

Piensa en todas las conversaciones, artículos o posts que llegan a tu pantalla.
¿En cuántos se cuenta la experiencia sin drama?
¿En cuántos se muestra la diversidad real? Casi siempre vemos lo mismo: sofocos, irritabilidad, insomnio, confusión mental. claro:
Si tú no estás viviendo eso, es fácil pensar que “algo raro sucede contigo”.
Pero no: lo que sucede es que solo te han contado una parte de la historia.
Nadie habla de la perimenopausia tranquila (pero existe)
La Asociación Navarra de Matronas lo explica claramente: solo un tercio de las mujeres vive síntomas que afectan seriamente a su calidad de vida.
¿Dónde están las que lo viven con calma?
En silencio, porque nadie les ha dicho que su experiencia también es válida. Porque no encajan en la narrativa dominante. Porque no hay drama que contar. Y sin relato compartido, aparece la duda.
Nos han entrenado para vigilarnos: La piel el peso, la regla, la energía…
Escuchas a una amiga hablar de sus sofocos. A otra decir que no duerme. A otra que está emocionalmente desbordada. Algunas que ya no sienten deseo
Y tú piensas: “Pues yo no siento esto. Algo debo tener distinto.”
Pero esa comparación no es espontánea: es un reflejo de cómo nos han enseñado a mirar nuestros cuerpos en relación a los demás. Casi nunca desde dentro. Casi siempre desde fuera.
Vivir la perimenopausia sin síntomas no solo es posible, sino que es normal, aunque apenas se hable de ello.
La medicina ha invisibilizado la diversidad de experiencias
Durante décadas, estudiar la perimenopausia significaba estudiar síndromes, no procesos naturales. Se hablaba de lo que “va mal”, no de lo que simplemente es.
Estar bien genera culpa en una cultura que glorifica el sacrificio femenino
Cuando una mujer llega a una etapa importante sin sufrimiento, sin desgaste, sin ruido…
Se pregunta si lo merece. Si será normal. Si quizá no está “suficientemente atenta”. Pero lo que pasa no es falta de síntomas. Es falta de permiso. Nos cuesta permitirnos estar bien. Nos cuesta creer que la tranquilidad también es una forma válida de transitar
La perimenopausia no es un examen que debes aprobar
No hay una forma correcta de vivirla.
No hay un listado que debas cumplir para ser “normal”.
Hay, simplemente, tu cuerpo, tu historia, tu ritmo, tu manera de moverte en la vida.
Si estás pasando esta etapa sin grandes sobresaltos, no eres rara.
Eres una mujer cuya experiencia también forma parte del mapa, aunque nadie te lo haya dicho.
Y si estás viviendo cambios —con o sin síntomas— recuerda esto: Comprender tu cambio es el primer paso para vivirlo conscientemente. Cuando comprendes el cambio, recuperas tu brújula interior.
Aquí es donde empieza el verdadero viaje. Un viaje que no va de sobrevivirte, sino de reconocerte. De habitar tu segunda vida con más claridad, más presencia y más poder del que imaginabas.
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