Volver a la esencia
Con los años, algo curioso empieza a suceder: ya no nos deslumbra tanto lo que brilla afuera.
Las modas, lo comercial, lo que dicta el mainstream… pierden fuerza.
En cambio, crece dentro una llamada distinta: la de volver a lo simple, a lo natural, a lo auténtico.
Es como si, poco a poco, nos fuéramos volviendo más “hierbas”: buscamos el contacto con la tierra, con los elementos, con lo esencial.
Necesitamos ese vínculo con la naturaleza porque intuimos que ahí está nuestra raíz.
La sabiduría de la madurez
Con la madurez llega también una nueva claridad: ya no tenemos tanto que demostrar, y empezamos a elegir desde otro lugar.
Preferimos caminar descalzas sobre la hierba que comprar los últimos zapatos de moda.
Elegimos silencio antes que ruido.
Valoramos lo que se siente verdadero por encima de lo que aparenta ser perfecto.
Esta es la sabiduría de los años: aprender a fluir en un plano que trasciende lo material, reconectando con lo que nos nutre de verdad.
Y no es casualidad que muchas mujeres empiecen a sentir esto con más intensidad en la perimenopausia.
El cuerpo cambia, las prioridades se recolocan y el alma pide coherencia. Ya no vale vivir desconectadas de nosotras mismas.
Conectar con tu naturaleza «salvaje»
Volverse más “hierbas” es, en el fondo, volver a tu naturaleza salvaje: esa parte de ti que sabe lo que necesita, que se escucha, que se mueve al ritmo de la vida y no al de las expectativas ajenas.
Es dejar de luchar contra lo que eres y empezar a abrazar tu autenticidad.
Es volver a mirar el cielo, la luna, los árboles… y recordar que tú también eres naturaleza.

En la perimenopausia, esta conexión no es un lujo: es una necesidad profunda de autocuidado y verdad.
Las fortalezas como sabiduría encarnada
En este regreso a lo natural, a lo auténtico, también aparecen con más fuerza tus fortalezas de carácter:
- La apreciación de la belleza, para disfrutar de un amanecer, de un paisaje o de una conversación profunda.
- La espiritualidad, para sentirte parte de algo más grande que tú.
- La gratitud, para valorar cada detalle simple de la vida.
- La curiosidad, para redescubrir lo cotidiano con una mirada nueva.
- La perspectiva, para darle sentido a lo vivido y confiar en lo que viene.
En esta etapa, las fortalezas ya no son algo que “desarrollas” como un talento externo.
Son sabiduría adquirida, experiencia integrada, conocimiento que vive en el cuerpo y en la historia personal.
Son raíces profundas que te sostienen cuando todo se mueve —hormonas, emociones, roles, expectativas— y que te recuerdan quién eres más allá de lo que haces.
Volver a ti (y habitar esta etapa con sentido)
Cuanto más mayor eres, más vuelves a ti.
Y en ese volver, descubres que lo que antes parecía “raro” o “alternativo” es, en realidad, lo más natural y verdadero.
La perimenopausia no es una crisis que haya que corregir, sino una transición vital que pide escucha, acompañamiento y respeto.
✨ Acompaño a mujeres que están atravesando la perimenopausia y sienten esta llamada a bajar el ritmo, a entender sus cambios y a reconectar con su esencia desde la sabiduría que ya habita en ellas.
💌 Si sientes que estás en ese momento de tu vida y necesitas sostén, claridad y un espacio seguro para volver a ti, escríbeme.
Juntas podemos hacer de esta etapa un tiempo de enraizamiento, coherencia y nueva plenitud.
