Cuando escucharte en otras te ayuda a entenderte

Hay momentos en la vida en los que sientes que algo se ha movido por dentro.
No siempre sabe qué es… Solo sabe que ya no se siente igual que antes.

En esos momentos solemos pensar que nos pasa algo raro. Que ya no somos nosotras mismas o quizá exageramos.

Y entonces ocurre algo sencillo y profundamente transformador: escuchamos a otra mujer contar su historia… y nos reconocemos.

Cuando escuchar a otra mujer te ayuda a entenderte

Trabajar en grupo tiene una ventaja que ningún proceso en soledad puede ofrecer:
el espejo.

No el espejo que juzga, sino el que refleja. El que te devuelve partes de ti que no sabías cómo nombrar.

Cada mujer llega con su historia, su mochila, su momento vital.
Y, aun así, algo se repite. Las emociones. Las dudas. El cansancio. Las preguntas sin respuesta.

Descubrir que no estás sola no es solo reconfortante.
Es profundamente reparador.

La experiencia de las mujeres no es individual, es colectiva

Durante años se nos ha enseñado a vivir los procesos importantes hacia dentro.
En silencio. Con discreción. Y sobre todo sin molestar.

Pero cuando las mujeres nos sentamos juntas y hablamos desde lo vivido, algo se recoloca. Entendemos que lo que creíamos un fallo personal es, muchas veces, una experiencia compartida.

Mujeres disfrutando de una conferencia

El grupo se convierte entonces en un caldo de cultivo: un espacio donde comprender que lo que nos pasa tiene contexto, historia y sentido.

Y eso alivia.
Y mucho

Recuperar la voz, sin pedir permiso

Hablar en un espacio seguro cambia la forma en la que te hablas a ti misma.
Y también la forma en la que te colocas en el mundo.

Poner palabras a lo que sientes, ser escuchada sin interrupciones, sin consejos no pedidos, sin juicios… eso genera seguridad.
Y la seguridad genera claridad.

Muchas mujeres descubren en estos espacios que pueden decir lo que necesitan.
Y también lo que ya no quieren.

Y lo más importante: aprenden que su voz tiene valor. Trabajar en grupo no va de exponerse, va de apoyarse.

El vínculo que sostiene cuando todo se mueve

Trabajar en grupo no es solo compartir palabras.
Es crear vínculo.

Un vínculo que no exige, que no compite, que no compara.
Un vínculo basado en la escucha, la validación y la sororidad.

Sentirse vista y escuchada —de verdad— tiene un efecto profundo.
Especialmente en etapas de cambio, cuando una siente que ya no encaja en lo de antes, pero aún no sabe cómo habitar lo nuevo.

El grupo no da respuestas cerradas.
Da acompañamiento.
Y eso, muchas veces, es justo lo que necesitamos.

Lo que se transforma dentro, se expande fuera

Los espacios grupales bien cuidados no se quedan en lo emocional.
Tienen impacto en la vida cotidiana.

Más claridad.
Más límites.
Más coherencia.
Menos culpa.

Cuando una mujer se entiende mejor, se trata con más amabilidad.
Y cuando eso ocurre, algo cambia también en su manera de estar en el trabajo, en la familia, en las relaciones.

Lo colectivo no diluye la identidad.
La fortalece.

Un espacio para cruzar juntas

Si mientras leías has sentido que te reconocías en lo colectivo, que poner palabras en grupo puede ayudarte a entenderte mejor y que no quieres seguir atravesando tus cambios en soledad, quizá este sea tu momento.

El Umbral es un círculo facilitado para mujeres que están viviendo una etapa de transición vital (perimenopausia o menopausia) y desean comprender lo que les pasa desde la calma, la escucha y el acompañamiento mutuo.
No es un curso ni un grupo de charla sin rumbo.
Es un espacio cuidado para compartir, reflejarte en otras y recuperar tu propia brújula.

A veces no necesitamos más respuestas. Solo un lugar seguro donde poder escucharnos… juntas.

Si te apetece conocer más sobre El Umbral estate atenta porque se viene algo muy bonito.

Scroll al inicio
Ir al contenido