La verdad que nadie te explica sobre la Perimenopausia

Por qué unas mujeres tienen sofocos y otras no

Hay un momento en la vida en el que el cuerpo empieza a hablar más fuerte.
A veces lo hace con un susurro —un sueño más ligero, una emoción que se desborda sin avisar— y otras veces lo hace con una oleada de calor que te sube por el pecho como si encendieran un interruptor dentro de ti.

Pero lo curioso es esto: mientras tú estás sofocada, otra mujer de tu misma edad apenas siente cambios. Y esto puede generar una pregunta incómoda, casi vergonzante:
¿Por qué yo sí y ella no? ¿Qué me pasa a mí?

Hoy quiero contártelo desde un lugar de verdad, de cuidado y de calma.
Porque lo que estás viviendo no tiene que vivirse con culpa ni con miedo.
Tiene una explicación… y tiene un sentido.

No es suerte, es sensibilidad

La ginecóloga Christiane Northrup, una de las grandes voces de la salud femenina, lo explica con una claridad que me encanta: la intensidad de los síntomas no depende solo de cuánta hormona sube o baja… sino de cómo tu cuerpo interpreta ese cambio.

Tu cuerpo no es una máquina.
Es un sistema vivo que recuerda, responde, protege, retiene, siente. Y por eso, dos cuerpos distintos pueden vivir la misma transición de formas muy diferentes.

El estrés que ya llevabas dentro importa (y mucho)

Si llegas a la perimenopausia con un sistema nervioso agotado, con años de sostenerlo todo, con poco descanso y mucha autoexigencia… el cuerpo te va a decir “basta” de la única forma que sabe: amplificando señales.

No es castigo. Es comunicación.

El sofoco, el insomnio, la irritabilidad… no aparecen porque estés rota, sino porque estás saturada.
Y la perimenopausia es ese momento en el que el cuerpo deja de aguantar en silencio.

El estilo de vida y tu historia emocional son clave

Hay mujeres que, sin darse cuenta, han construido durante años un pequeño colchón que ahora las sostiene: más movimiento, más descanso, más límites, menos café, menos culpa.

No lo hicieron “para prevenir los síntomas”. Lo hicieron para vivir mejor. Y ahora su cuerpo transita la perimenopausia con más suavidad.

Otras llegan con el depósito en rojo —no por falta de voluntad, sino por exceso de carga. Y su cuerpo reacciona con más fuerza, como si dijera: “Ahora sí, atiéndeme”.

La perimenopausia es un rito de paso. No solo hormonal: vital, emocional y simbólico.

Es la etapa en la que sale a la luz todo lo que quedó pendiente: las renuncias, los silencios, los límites tragados, la vida vivida hacia afuera.

Por eso, hay mujeres que sienten que esta etapa las revuelve por dentro.
No es fragilidad.
Es revelación.

Lo que no se pudo mirar antes, ahora pide espacio.

El contexto sociocultural pesa mucho

No vivimos en el vacío. Vivimos en una cultura que empuja a las mujeres a sostener, cuidar, agradar y rendir como si no tuvieran cuerpo.

Las que han vivido con más presión, más culpa, más autoexigencia, más invisibilidad…
tienden a experimentar síntomas más intensos.

Y no porque sean débiles, sino porque han cargado demasiado.

Entonces… ¿por qué tú sí? ¿Por qué tú ahora?

Porque cada mujer llega a esta etapa con una historia distinta.
Con un ritmo, una biografía corporal, una mochila emocional y un nivel de autocuidado diferente.

La perimenopausia no es una prueba. Es una transición.
Es un movimiento interno que te prepara para tu siguiente etapa, esa que es menos fértil hacia afuera… y profundamente fértil hacia adentro.

Tu cuerpo no te está frenando. Te está indicando una dirección.

La buena noticia: puedes acompañarte mejor

No puedes cambiar la biología.
Pero sí puedes:

  • reducir el ruido emocional,
  • entender lo que está pasando,
  • regular tu energía,
  • activar tus fortalezas,
  • dejar de culparte,
  • y empezar a vivir esta transición con consciencia, no con resistencia.

Y cuando haces eso, ocurre algo poderoso: lo que era caos se convierte en claridad.
Lo que era agotamiento se vuelve brújula. Y lo que llamabas “síntoma” se transforma en una conversación contigo misma.

Tu cuerpo es sabio.
Tu etapa es significativa.
Y tus síntomas —los tengas o no— tienen sentido.

La perimenopausia no es el final de nada. Es el inicio de una forma nueva de crear, de sentirte, de escucharte, de habitar tu vida.

Y cuando comprendes el cambio, como dice mi frase puente,
recuperas tu brújula interior.

Si quieres acompañarte mejor en este camino, estoy aquí.

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