Realmente no sabes qué día empezó, solo sabes que hubo un momento a partir de los cuarenta te empezaste sentir diferente.
No necesariamente peor.
Distinta.
Las señales: El cuerpo ya no responde igual. La energía fluctúa. La paciencia se acorta.
Las emociones se intensifican o se vuelven más imprevisibles… y no sabes por qué.
Y entonces aparece la pregunta, casi siempre cargada de culpa:
¿Qué me pasa?
¿Por qué antes podía y ahora no?
Durante demasiado tiempo nos han hecho creer que estos cambios son un fallo personal. Que algo en nosotras se ha estropeado. Que estamos perdiendo capacidades, brillo o valor.
Pero no es eso lo que está ocurriendo.
¡No es deterioro! Es transición
A partir de los 40 no te estás fracasando, ni rompiendo ni fallando. Estás atravesando una transición vital profunda, aunque nadie te haya enseñado a nombrarla.
La perimenopausia no es solo una cuestión hormonal.
Es también un cambio identitario, emocional y vital.
Tu cuerpo empieza a funcionar de otra manera, sí.
Pero también cambia tu manera de sentir, de tolerar, de priorizar y de mirar tu vida.
Lo que antes aceptabas sin cuestionar, ahora pesa.
Lo que antes sostenías sin pensar, ahora cansa.
Lo que antes dejabas para después, ahora pide espacio.
Y eso no es debilidad.
Es conciencia emergente.
La primera gran pausa femenina

Vivimos esta etapa con desconcierto porque no tenemos referentes.
A las mujeres se nos enseñó a seguir, no a parar.
A cuidar, no a escucharnos.
A rendir, no a revisar.
Por eso, cuando el cuerpo empieza a pedir otra cosa, lo vivimos como un problema en lugar de como una señal.
Esta etapa es, en realidad, la primera gran pausa vital.
Un momento en el que se cierra un ciclo —el de la fertilidad física, el del sostén constante hacia fuera— y se abre otro distinto.
No menos valioso.
No menos potente.
Diferente.
De la fertilidad externa a la fertilidad interna
El malestar no viene tanto del cambio, sino de no comprenderlo.
Cuando no sabes qué te está ocurriendo:
- te juzgas
- te exiges
- te comparas con quien fuiste
Y eso genera más ruido, más cansancio y más confusión.
Pero cuando empiezas a entender este momento vital, algo se calma.
No porque desaparezcan los síntomas.
Sino porque dejas de luchar contra ti.
Comprender tu cambio lo cambia todo
Comprender no es resignarse.
Comprender es recuperar el timón.
Cuando comprendes el cambio:
- dejas de forzarte
- empiezas a escucharte
- eliges desde otro lugar
Comprender tu cambio es el primer paso para vivirlo conscientemente.
Para dejar de sobrevivir esta etapa y empezar a habitarla.
No necesitas volver a ser quien eras.
Necesitas darte permiso para descubrir quién estás siendo.
Y desde ahí, poco a poco,
todo empieza a recolocarse.
Si estás en este punto de tu vida, no vas tarde.
No estás fallando.
No te estás estropeando.
Estás atravesando un umbral.
Y entenderlo puede ser el inicio de una etapa mucho más coherente, más libre y más tuya.
