Cambios físicos en la perimenopausia

Seguramente no sabes qué día fue exactamente, pero hubo un día en el que empezaste a mirarte diferente.

No fue dramático.
No fue un gran acontecimiento.
Fue algo más sutil.

Te abrochas el pantalón y aprieta distinto. Duermes ocho horas y no descansas igual.
Comes como siempre… y tu cuerpo responde diferente. Y entonces aparece esa pregunta que no siempre dices en voz alta:

¿Qué me está pasando?

La respuesta más habitual suele ser dura, porque somos superexigentes con nosotras mismas…“Me estoy dejando”, “Ya no soy la de antes», “Algo no estoy haciendo bien.”

Pero ¿y si no fuera eso?


No es dejadez. Es transición.

La perimenopausia no empieza el día que te dicen que estás en ella. Empieza mucho antes. Y no siempre avisa con grandes titulares.

Empieza como empiezan casi todos los cambios profundos: por dentro. De los que no se ven cuando te miras al espejo… Cambios hormonales, sí. Pero también cambios en el metabolismo, en la sensibilidad al estrés, en la forma en que el cuerpo gestiona la energía.

Tu cuerpo no está reaccionando “mal”. Simplemente está reaccionando a un nuevo contexto. Y aquí viene algo importante: hacer lo mismo que a los treinta no produce el mismo resultado a los cuarenta.

No porque estés peor. Sino porque estás en otra etapa.


El problema no es el cuerpo. Es el relato.

Durante años nos han enseñado que el cuerpo femenino tiene que ser: firme, joven, productivo, estable, predecible…Y cuando deja de serlo, pensamos que hemos fallado.

Pero la perimenopausia no es un error de diseño.

Es un proceso biológico que nos prepara para una nueva etapa vital. Lo que ocurre es que nadie nos explicó que el cuerpo cambia antes de que cambie el nombre de la etapa.

Y en esa falta de información, aparece la lucha. Más control. Más exigencia. Más autojuicio.


Cambios físicos en perimenopausia: contexto antes que culpa

Algunos de los cambios más frecuentes en esta etapa son: acumulación de grasa en el abdomen, perdida de masa muscular, insomnio, menos energía o cambios en la piel y el cabello

El descenso progresivo de estrógenos modifica cómo se distribuye la grasa, cómo gestionamos la glucosa y cómo recuperamos después del estrés. Y conocer esto es muy importante, ya que nos ayuda a entender lo que pasa en nuestro cuerpo y nos invita a escucharlo y mirarlo con nuevos ojos.


Aceptar los cambios no significa cruzarse de brazos. Significa cambiar la estrategia. Tenemos que entender que nuestro cuerpo necesita otra forma de cuidado, y que no tiene que ser una imposición estética, sino una decisión de salud.

Dormir mejor.
Entrenar con inteligencia.
Alimentarte con comprensión.
Reducir estrés cuando sea posible.

No desde la exigencia, sino desde el respeto.


Tu cuerpo no está en tu contra

Y cuando comprendes el cambio, recuperas tu brújula interior.

Por eso he querido abrir esta conversación también en el primer episodio de No me toques la peri, donde hablamos de perimenopausia y cambios físicos con la Dra. Laura de Sans, desde una mirada médica, pero también humana.

Si prefieres escuchar la conversación completa y ponerle voz a todo esto, aquí puedes ver el primer episodio:

Porque necesitamos información, sí.
Pero también necesitamos un relato distinto. Uno en el que el cuerpo no sea enemigo, sino parte del camino. Y en el que podamos habitar esta etapa con conciencia y dignidad.

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