Lo que descubrí cuando dejé de correr y entré en el bosque

Caminar despacio también es avanzar

Vivimos en una época que nos empuja a ir rápido incluso cuando el cuerpo pide otra cosa. Muchas mujeres llegan a la perimenopausia sintiendo cansancio, niebla mental, irritabilidad o una sensación difícil de explicar: como si algo dentro estuviera pidiendo parar y escucharse de otra manera.

Y quizá por eso el bosque tiene tanto sentido en esta etapa.

El baño de bosque —una práctica inspirada en el shinrin-yoku japonés— no consiste en hacer senderismo ni en “hacer ejercicio”. Consiste en bajar el ritmo. Respirar. Estar presentes. Caminar entre árboles activando los sentidos y permitiendo que el sistema nervioso salga, aunque sea por unas horas, del modo supervivencia.

Diversos estudios han relacionado esta práctica con la disminución del estrés, la mejora del estado de ánimo, la reducción del cortisol y una mayor sensación de calma y claridad mental. Pero más allá de los beneficios físicos, hay algo profundamente simbólico en entrar en el bosque cuando una mujer está atravesando una transición vital: el bosque no exige, no juzga, no pide productividad. Solo invita a estar.

Un espacio sin cargas

A veces necesitamos precisamente eso: un espacio donde no tener que sostenerlo todo.

Por eso este domingo he preparado un encuentro muy especial en pequeño grupo: un baño de bosque pensado para mujeres en perimenopausia y menopausia que sienten que necesitan reconectar consigo mismas desde un lugar más amable, más consciente y más humano.

🌿 Si sientes que necesitas parar, respirar y volver a escucharte, este encuentro puede ser ese pequeño punto de inflexión que llevas tiempo necesitando.

Las plazas son muy reducidas para cuidar la experiencia y el acompañamiento del grupo.

Escríbeme por WhatsApp al 684735928 y reserva tu plaza antes de que se complete.
Regálate un día para ti, para tu cuerpo y para esta etapa que también merece ser vivida con calma, presencia y sentido.

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